Desnudas cartas de despedida Pt.1

Esta es la primera parte de un ensayo dedicado a dos libros que recomiendo leer. Sin más que decir dejo el texto a continuación tendiendo como apertura un cita del filósofo Paul Feyerabend. Espero lo disfruten y en cuanto la segunda parte sea publicada la podrán encontrar haciendo click aquí.


Desnudas cartas de despedida

A scientist, an artist, a citizen is not like a child who needs
papa methodology and mama rationality to give him
security and direction, he can take care of himself, for he is
the inventor not only of laws, theories, pictures, plays, forms of
music, ways of dealing with his fellow man, institutions,
but also entire world view, he is the inventor of entire forms of like.

– Paul Feyerabend

Todo tiene un Alfa y un Omega. Cualquier manifestación de un ser es parte de un ciclo común caracterizado por la presencia de un inicio y de un fin. Las generaciones, las corrientes literarias y los paradigmas científicos son un claro ejemplo de aquellos. Lo emergente y lo luctuoso son puntos críticos. El ser humano por supuesto no está exento de tales caminos sin embargo, la forma de transitarlos deviene en distintas actitudes y percepciones. Es posible concluir que los kilómetros anteriores fueron más formidables en comparación con el final del recorrido como también lo es que no se llegará a ver el esplendor de los trayectos que ya no podrán ser transitados.

En la literatura moderna y contemporánea se ha hablado de aquellos quienes adquieren una sensibilización suficiente para interpretar las tendencias de su posición geográfica y temporal. El porvenir o el pasado los interpelan y estos se deciden por uno de los dos. Es entonces cuando estos bellos seres salen a relucir mas ¿cómo se revelan estas bellas almas?

Arturo Azuela, intelectual crítico, periodista, historiador y matemático; más que otra cosa un hombre de letras y de ciencias, buscó indudablemente la universalidad en su formación. En 1988 publicó una novela que lleva por título El matemático. Lo que destaca de esta narración no sólo es la calidad del lenguaje presente en ella o la temática crítica que abarca, sino  también la estrecha relación que tiene con un libro que podría pensarse –erróneamente– lejos en cualquier dimensión –a dos siglos de distancia y con un atlántico en medio de los dos–: Bekenntnisse einer schöne Seele de Johann Wolfgang von Goethe.

J. W. von Goethe, el último hombre universal, es el poseedor de un lugar inamovible en las letras universales y en la filosofía alemana. Publicó entre 1795 y 1796 su segunda novela titulada Wilhelm Meisters Lehrjahren (Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister). Ésta se encuentra dividida en ocho tomos diferentes y entre ellos puede leerse por separado el sexto volumen: Bekenntnisse einer schöne Seele, o en español: Confesiones de un alma bella.

Cabe recalcar que a pesar de situarse ambas obras en distintas sociedades y épocas, los personajes son afligidos por el mismo fantasma. El escrito de Arturo Azuela cuenta en tres partes –divididas a su vez en capítulos– la vida del matemático Philip Cunningham en retrospectiva. Él recuerda a través del libro su infancia y los congresos a los que asistió frente a su ecuación, su obra final en el umbral del siglo XX. Confesiones de un alma bella también canta la vida del personaje principal y describe los andares de una mujer llamada por su autor como un “alma bella” pero a diferencia de El matemático está escrito en primera persona. En los dos casos los protagonistas se encuentran en la última parte de su vida.

Ambos trabajos son la tarjeta de presentación más íntima de sus protagonistas. Sus pensamientos, dolores, enfermedades, añoranzas y descubrimientos se hacen públicos tanto en el universo literario como en el de los autores. Las dos historias exponen los ideales y los temores de sus autores, relacionados sólo por el hecho –jamás superficial– de ser correspondientes a la modernidad: el pretérito ayudó a su consolidación y el coetáneo vislumbró sus frutos.

La estructura de ambos textos es en esencia diferente mas la forma en la que se le presenta al lector está estrechamente relacionada gracias a las voces narrativas. Confesiones de un alma bella puede leerse como un libro independiente de los demás volúmenes gracias a que no pertenece a la historia de manera directa puesto que es un meta texto. Wilhelm Meister encuentra el libro en cuestión y en el transcurso de su enseñanza dramática lo presenta como un monólogo. La autobiografía del alma bella – quien aleja su nombre del libro– no es leída por ella, es W. Meister la voz que se escucha.

El escrito de Goethe es –aunque así no lo parezca– leído por una tercera persona pero aún más significativo es que se presenta como un monólogo dramático. Se convoca a conocer la historia del alma bella, a que sea escuchada y sentida. He ahí el primer acercamiento con el libro de Azuela pues éste es presentado en primera instancia por un narrador extradiegético. La vida del matemático Philip Cunningham se exhibe entonces de una manera formal, con los tintes de un texto biográfico

El halo de intimidad que envuelve a la novela de Azuela  se intensifica hasta equipararse con la del germano. Al momento de ser tocados ciertos puntos de la vida de P. Cunningham –su difunta mujer, su último amor, su abuelo– la voz del narrador es opacada por la del mismo matemático sin ningún preámbulo. No hay signo que marque el cambio de voces y la confusión entre ellas emana en cualquier momento, teniendo su cúspide en los capítulos finales. La mezcla de voces y la incertidumbre del presentador – ¿es Cunningham su propio narrador tratando de ocultarse como el alma bella?– no es otra cosa sino la extrapolación de las dudas y temores que sufren ambos personajes. Ambos autores logran manejar un discurso congruente en su totalidad con la evolución de sus personajes y la expresión que hacen de sus pensamientos.

Estas dudas no son fortuitas y tienen una connotación con el concepto de verdad aunque no con el significado intuitivo. Las dubitaciones conllevan consecuencias importantes en la vida del matemático y del alma bella ya que, muy parecido a sus creadores, tienen su origen en el pensamiento crítico. La percepción con la que forjaron su mundo, con la cual entendían  a las demás personas, a los libros que leían, a la música con la que se deleitaban, en resumen, la manera en la que interiorizaban el mundo naturalmente construiría sus interrogantes –sobre todo las más profundas– del mismo.

La verdad de la que se ocupan los textos no es la política ni la dada por congresos o convenciones. Tal es el caso que en el transcurso de las dos novelas siempre está la presencia de dos acompañantes que se distinguen principalmente por su sabiduría y en los cuales estos personajes buscan apoyo constantemente. Para el alma bella es “el amigo invisible” quien principalmente actúa como su confidente, a quien ella reza y de quien procura –no siempre exitosamente– no alejarse. Para Cunningham es “el amigo [Marcos] Zemansky” quien actúa como maestro y amigo, por quien es maravillado por sus discursos frecuentes sobre los problemas filosóficos de las matemáticas y sus exponentes y a quien procura –no siempre exitosamente– no defraudar.

Más parecidos estos arquetipos de sabiduría que por la percepción del alma bella y del matemático de ellos, lo son por el anillo de misterio que los rodea: para la primera, es conocido simplemente como un ser invisible que sólo puede sentir y que trata toda su vida de  acercársele lo más posible por distintos métodos; para el segundo, Zemansky fue siempre una interrogante por sus modos de andar y sobre todo por sus discursos que, aunque improvisados algunas veces, contienen frases que lograr penetrar su propia esencia.

La profundidad de las duda se manifiesta mayor en cuanto se sabe la presencia de estos seres. Mas su constante acercamiento sólo terminó –pero no determinó– por fortalecer la visión del mundo que ellos mismos construyeron. Su interacción es consecuencia de su formación personal o, mejor dicho, de su evolución intrínseca cuyo primer paso fue el reconocimiento de sí mismos.

Estos dos instantes no sólo marcan el desarrollo temático de las historias, sino también son un ejemplo de la gama de recursos literarios de los autores, entre los que destacan el leitmotiv. Éste ayuda al lector  a prevenir el contenido de las páginas siguientes  preparando la respuesta sensitiva del mismo. En el caso de ambos textos, este tropo literario se fundamenta en la melancolía connotando, entonces, fuertes estragos dentro y fuera del universo literario en cuestión.

Para el personaje de Goethe, su vida se ve marcada –según nos cuenta el monólogo que ella escribe– por las enfermedades e inconvenientes de salud dentro de los que destacan en los que la sangre se hace presente. Las gotas del líquido rojo traen consigo periodos de tiempo atípicos  a la rutina que hasta entonces llevaba. Temporadas que se se sienten eternas como en la que se acostumbra en su casa a notar la ausencia de su madre por siempre –precedida por vómito de sangre– o su infancia perdida debido a una enfermedad –también caracterizada por devolver el líquido vital–  dan un giro en la vida del alma bella.

Es el último, de hecho, la razón de su agudeza en el pensamiento crítico. Obligada a reposar en cama todo el tiempo, su padre le enseñaba los animales que ella comería, le daba libros que su madre no siempre apoyaba. En respuesta a eso debió leer también las escrituras sagradas, introduciéndose así en el área de su amigo invisible. A partir de esta época, dice el alma bella, jamás sació su sed de conocimiento y empezando por no tomar medicamentos cuyo origen desconocía termina por cuestionarse sobre la naturaleza de las manifestaciones del amigo invisible

En el texto de Azuela, cuando se recuerda a un ser querido es cuando se dibuja un preámbulo a la melancolía. La muerte del abuelo y del padre al ser recordadas obligan al matemático Cunningham a visitar los momentos críticos de su vida. En cuanto el narrador relata cómo se entera Philip de la muerte de su abuelo, la voz del doctorando en matemáticas toma el protagonismo y cuenta cómo vivió su examen e inmediatamente cuando su madre lo llama por el deceso de su querido abuelo. Al igual que con el alma bella, el motivo de tintes lúgubres aparece cuando un gran cambio en la vida del personaje ocurre: la muerte del abuelo, quien lo inicia en la travesía del conocimiento –paralelismo con el padre del alma bella– llega cuando él deja de ser un estudiante para convertirse en un investigador.

Cuando en texto se menciona la muerte del ingeniero Cunningham –padre del matemático– es descrito el acercamiento al conocimiento al entonces joven Philip por las tertulias con su abuelo, escuchando a Bach y a Beethoven, y jugando ajedrez. El abuelo –historiador– hablándole sobre los motivos de la primera gran guerra –no sobre detonantes– y el joven escuchando con atención lo acostumbró a razones y no a hechos. La importancia del abuelo es congruente con la del padre del alma bella, ambos jugaron un rol importante en su formación pues es por la influencia del primero que P. Cunningham se interesa tanto en las matemáticas.

Todo malestar anímico representado muchas veces por enfermedades físicas marcan los puntos críticos de sus vidas. Los ciclos o temporadas de su andar están referidos por estos. Las fronteras del inicio de uno  y el final del otro son la sangre y la muerte; con estos forjan su identidad y la marcan también en sus palabras. Solo al entender esto es cuando su versión del descubrimiento de sí mismos tiene sentido puesto que dichos instantes tienen las características de los leitmotiv pero por su importancia no siguen los cánones de los demás momentos de su vida ya que en ese momento aún no es melancolía la que sienten, sino una desolación que termina por vestir sus temores.

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