Archivo mensual: septiembre 2013

La vida de Óscar Olmos

The pain did not grow less but Ivan Ilych made efforts to force himself to think that he was better. But as son as he had any unpleasantness with his wife, any lack of success in his official work, or held bad cards at bridge, he was at once acutely sensible of his disease.

The Death of Ivan Ilych
Leo Tolstoy

Antes de llegar al coche que tuvo que comprar de segunda mano, apagó la computadora y las luces de su pequeña oficina. Para bajar al estacionamiento llamó al ascensor y bajó los doce pisos del edificio. La música de Jazz típica de los elevadores no llegaba a sus oídos pues mientras descendía aún pensaba en lo acontecido hace seis noches. Al pararse ante su coche introduce la llave lentamente en la cerradura. Da una revolución y media a la izquierda y la jala tres milímetros , continua girándola. Finalmente puede entrar a su coche.

La hora pico ya ha terminado y duda acerca del destino que escogería. Oye por el radio que su equipo de futbol ha perdido el partido y opta entonces por la opción de todos los jueves. Se detendría como casi todas las veces ante ellas, platicarían un rato y  subiría a las dos con el mejor cuerpo a su coche. De ahí las llevaría al Hotel Garage más cercano y rentaría el cuarto más barato para después sentir la misma sensación de extrañeza de todos los jueves.

Después de hacer todo esto se ve obligado a pagar por los servicios a las señoritas que lo atendieron. ¿Por qué les tengo que dar propina? A pesar de eso, les da la mitad de lo que le cobraron. En el instante en el que salieron se terminó de abotonar los botones fríos de su camisa percudida. Se termina de vestir y se acuesta sobre la cama. Parece que la vida se le escapa por entre los dientes: sus movimiento son nulos; su respiración, débil; sus ojos cerrados.

Recuerda el ritmo del Jazz que escuchó al salir de la oficina. Entonces cae en cuenta que trabajará al día siguiente y se levanta. Sale del cuarto, paga la renta del mismo y también los destrozos que hicieron las prostitutas al salir de la recamara. Lo esperamos la próxima semana, sr. Ólmos. Nos vemos, corazón. Mientras se aleja, se  pregunta cómo una joven como ella había terminado en ese lugar. Si bien no es bonita de rostro, tampoco es fea. Su corazón es bellísimo. Desgraciadamente esta reflexión se desvanece mientras recuerda todas las fantasías que tiene con ella.

***

Mientras Óscar Ólmos pasa por las puertas giratorias del edificio donde labora y todas las miradas se posan sobre él como si lo atravesaran, el reloj de la recepción se detiene. Sus pasos vigorosos marcan el ritmo de todas las actividades del vestíbulo y los mismos segundos lo dejan brillar. Ninguna persona –y tampoco ningún objeto– se atreve a romper la armonía dirigida por los tacones de Óscar Ólmos y no importa si esto retrasa las actividades del día y tampoco si las dificulta: él es el director de orquestra.

Él no sabe por qué últimamente le encienden la computadora antes de su llegada mas le agradaba. Se sienta y de inmediato comienza a trabajar en el documento de la noche anterior. Diana  Jiménez; sí. Daniel Anaya; sí. Sus susurros retumban en el cuarto de dos metros y medio por lado.  Sus ocho horas de labor seguían una secuencia similar a menos que ella entrara pero él sabe que ya no tendrá más esos ratos de recreación. Óscar extraña cuando se quedaban hasta tarde y todo el piso les pertenecía. Sofía Contreras. Suspiro y silencio. Sí. Él susurra con dolor.

Es la hora de la comida y Sofía pasa por él a su oficina. ¿Vamos a donde siempre, Óscar? Sí, vamos. Caminan juntos como de costumbre pero esta vez no bajarían por las escaleras de emergencia, sino por el elevador. Ya dentro de éste nace un silencio incómodo apaciguado sólo por la molesta música de Jazz que altera gradualmente a Óscar. Llegan a la planta baja y cruzan la calle. Al entrar al café de siempre, ve Óscar la NatGeo del mes y la ojea mientras Sofía escoge la mesa. ¿Sabías que una mantis religiosas macho para tener un orgasmo debe cortársele la cabeza por su pareja? ¡Qué bueno que nunca tuve que hacer eso contigo! Óscar no ríe y Sofia nota que no debió haber hecho ese comentario. La comida continua a través de un silencio perpetuo. Hace dos semanas que volvía ver a Leonardo. Oscar mantiene su voto de silencio.

Cada quien paga su consumo y regresan a las oficinas. Yo nunca dejé los jueves de putas y estoy seguro que Leo tampoco. ¡Óscar! ¡Eres un asco! Por segunda vez en el día Óscar es el centro de atención en el lobby del edificio. El tiempo detiene su trayecto una vez más, sólo que esta vez sí lo puede sentir Óscar. Lo percibe en cuanto Sofía lo cachetea y en cuanto lo abandona con el paso acelerado tan típico de los indignados. Óscar imita al reloj y se congela. Las demás personas en la recepción le hacen un favor y pretenden ignorarlo. Cuando llega a  su respectivo piso comienza a caminar desde las puertas del ascensor hacia su oficina y azota la puerta para hacer saber que no quiere ser molestado.

El silencio nacido en la comida se hace presente entre los espectadores de la pequeña escena de Óscar. Lástima que se retirará en cinco minutos cuando un grito de agonía salga de su oficina.

Abre el documento que todavía no termina. Teclea con gran intencidad y oye llegar un correo. Lo revisa y se trata de su suscripción a la NatGeo. Observa a la mantis de la portada. Avienta los papeles del escritorio. Abre el explorador y busca videos porno. Sofía Contreras. Ya no hay suspiro ni silencio. Agarra unas tijeras del cajón. Él susurraba con dolor. Ahora grita con él.

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Microhistorias del D.F 3.0

En los últimos años ha incrementado el número de personas que escuchan música al andar por la calle. Con la simple observación  en un día cualquiera en el transporte público puede comprobarse. Jóvenes, adultos mayores y parejas inclusive son quienes utilizan audífonos multicolores y fluorescentes en lugar de los pasacalles de la España barroca.

La música que se escucha es tan variada como las personas. Preguntas sobre el género que más se escucha o el volumen al que se escuchan pueden ser un gran campo para investigar pero eso no acontece a este post. ¿Qué pasa con los que no traen audífonos? Ése es el tema a discutir.

En el Centro Histórico de la Ciudad de México se encuentra uno con infinidad de elementos surreales y extraños según la vida standard de un trabajador. A una cuadra del MUNAL hacia Madero, la esquina se convierte en  un escenario. SI bien no capturé al los distinguidos personajes del cuarteto de invidentes, sí tengo en video una improvisación de un grupo de Jazz. Huelga decir que el guitarrista fue visto en el Nueva Orleans, lugar donde se toca Blues y Jazz sobre avenida Revolución.

Chapultepec a pesar de ser un sitio turístico, es desconocido. Cerca de los Baños de Moctezuma –exactamente atrás de estos para ser más precisos– Sigue leyendo

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