Archivo mensual: agosto 2013

Construcción

El simple hecho de opinar implica tener una visión sobre algo. Una opinión es una idea sin demostración; un juicio sobre algo que se va a cuestionar. Es una acción simple –en itálica– ya que el proceso para tener una opinión es muy desarrollado y las implicaciones de tener una opinión son extraordinarias.

Para poder opinar, es necesario tener algo sobre qué opinar. Éste puede ser un objeto concreto, un término, un concepto, una acción, etc. Ahora, para poder localizar este objeto es necesario saber que existe de alguna manera: ya sea como una idea o algo palpable. La única forma de conocer la posibilidad de que algo exista es sentirlo.

Estar en contacto con el objeto de estudio es mandatorio. Ya sea oyéndolo o viéndolo. Con los sentidos que tiene el Hombre, se puede conocer a más detalle el objeto. Se analiza y puede verse desde distintos enfoques: se fragmenta el objeto y se analiza por partes o se ve como un todo. En cualquier caso, se tiene la finalidad de tener más información sobre él.

La opinión que se pueda tener de el objeto en este punto es ridícula. Si se describe el objeto como un cubo verde , por ejemplo, es absurdo opinar que el cubo es verde. Conocer más sobre el objeto sólo da herramientas para verlo a través de los ojos de uno mismo, pero no verlo con los ojos del rostro, sino con los de la mente.

Se puede pensar que el cubo es verde –siguiendo con el ejemplo– ya que es viejo y le creció musgo –¡Ah, entonces el cubo esta en la intemperie!–. O bien, alguien lo pintó –Pues así resiste más el material– porque iba a usarlo de ornamenta –aunque para eso lo hubiera pintado rojo–. Puede ser el caso que todos los demás cubos –porque hay más seguramente– son verdes también o porque el verde evoca lo ecológico –no es sorpresa que esté de moda– y se quiere que en el futuro se recuerde tal movimiento social. Otra opción es que al cubo le gusta ser verde.

Todas las simples opiniones mencionadas arriba implican: recordar procesos totalmente distintos al caso que se ocupa y una transferencia de sus principios a uno nuevo, explicaciones con hechos que ya se saben ciertos, encontrar sucesos que tomaron lugar en el pasado que satisfagan que el cubo sea verde, eventos futuros que se desprendan del cubo verde que pueden o no ser excluyentes entre sí, es decir, que pueden suceder varios al mismo tiempo o sólo uno entre todos, de igual manera se toma en cuenta el imaginario colectivo, esqueletos de parámetros que se comparten por más de uno –en el ejemplo la relación ecología-verde–.

La opinión para ser dada requiere que el objeto sea visto en realidades posibles que satisfagan su razón de ser o de comportase. Tales realidades están moldeadas por quien las imagina o piensa –nótese que ya no sólo se siente, sino que va más allá–. Pero al ya pensarse y comprobar con la experiencia, la opinión puede fundamentarse y sostenerse en argumentos más sólidos, y como ya no carece de una demostración, se habla de algo diferente. Ahora se habla de una Interpretación.

Interpretar implica Opinar pero no viceversa. El cubo no es verde porque quiere pues es inanimado. No hay una demostración de que pueda ser posible tal evento y todos los enlistados arriba, sí son posibles. Pero para que hayan podido ser posibles se sometieron a un proceso de transformación en una realidad hipotética.

EL objeto pasó por la mente de su observador, por sus experiencias, sus enseñanzas adquiridas, sus convenciones, sus futuros y sus pasados. El observador, al interpretarlo le dio al objeto parte de su historia. El objeto, ya interpretado, es entonces una creación de quien lo vio; el objeto tras la interpretación es una construcción de quien lo percibió. Interpretar es –en cualquier ámbito humano– crear.

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