Archivo mensual: julio 2011

La ignorancia es mortal.

‘Garrett?’ susurró Stendahl. Garrett no respondió. ‘¿Garrett ,’ dijo Stendahl, ‘sabes por qué te he hecho esto? Porque quemaste los libros del Sr. Poe sin leerlos realmente.Tú tomaste el consejo de otros sobre lo que era necesario quemar. De otra manera, te habrías dado cuenta de lo que iba a hacerte cuando bajamos aquí hace un momento. La ignorancia es mortal, Sr. Garrett. “

Lo libros vienen desde la antigüedad y se siguen usando, sin importar que el formato vaya cambiando con el tiempo pues es a través de ellos –o mejor dicho, de lo que está dentro de ellos– que aprendemos, ya sean de literatura, de difusión científica, de texto, de idiomas. Al leer uno podemos aumentar el vocabulario, mejorar la redacción, conocer cosas interesantes  y, como leí en un artículo de una revista colombiana*: reconocer los matices de la vida. Sin mencionar que nos puede dar un nuevo enfoque de lo que vemos.

Aquí en México se inició una campaña para que la gente lea y me parece algo muy bueno, ésta también logró una recolección de libros para donarlos, desgraciadamente yo encuentro varios problema,s y muy serios: 1) En el país se cuentan por millones los analfabetas –y cuando quieres ir a alfabetizar personas los del programa se ponen muy pesados y uno puede notar una falta de organización**– 2) Tal vez los libros no son los adecuados y 3) La literatura en lenguas indígenas no se está promoviendo como debería, se priva a la mayoría de esos grandes textos y a los mismos hablantes de X lengua autóctona del país.

Un día acompañé a mi hermana al Centro Universitario Cultural (CUC) en donde se exponía un biombo com poemas Sigue leyendo

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Desde antes de la manzana hasta el π¡Πc#Σ ΚαΘs

La deshumanización ha sido de los temas más importantes a partir del inicio del siglo pasado y a lo mejor desde antes si se cree, como yo lo hago, que dicho tema va de la mano con las ideas de Tolstoi sobre la separación del hombre con la naturaleza. Ambas ideas están relacionas pues en “La muerte de Iván Ilich” el autor critica la obstinación burguesa de creerse inmortal, algo no muy humano: el hombre se pone arriba de la naturaleza, casi como un Dios, y Sábato encontró al único Dios al cual el ya dicho ser “racional” glorifica: la Tecnología.

La Tecnología es buena siempre y cuando no se separa del hombre, sólo cuando es una herramienta es buena pero como en nuestros tiempos es toda una deidad –junto con la economía– y como controla el rumbo de la humanidad –que debería ser al revés– deja der ser un beneficio y se transforma en el camino a una perdida de espíritu –los aviones que vuelan solos no son tan divertidos como conducir un coche o andar en una bicicleta–.

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San RiUS, patrono de los moneros y la educación en México.

Eduardo del Río – El maestro RiUS– fue para Monsiváis más importante para la educación mexicana que la SEP misma y no es de extrañarse debido a que desarrolla temas que van desde la filosofía en general, Marxismo, “Kapitalismo” hasta la política mexicana pasando por el clero y, en su más reciente publicación, el PRI(AN) de una manera sencilla –algunos presumidos dirían que demasiado– y divertida en escala de grises. Sin embargo algo característico del último mencionado –”¡Santo PRI, líbranos del PAN!”– es que da un título diferente de los demás: toma una figura teísta. Tal vez en broma sea esto mas ¿no puede representar desesperación?

En su más reciente obra no habla más que tres acotaciones sobre la iglesia. Él muestra, o desnuda, lo que fue la historia del PRI a partir del Partido Revolucionario Nacional, hasta la segura candidatura de Peña Nieto. Nos muestra decisiones que se tomaron por los Señorespresidentes de épocas pasadas a la mía y crítica muy fuerte lo que hicieron mal, pero siendo comprensivo no lo que “hicieron bien” –ya que RiUS dice que fue donde no metieron su Sigue leyendo

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Las batallas en el desierto (foto)

Mi ejemplar después de pelearse con mi perro.

Un buen libro no debe ser bonito para disfrutarlo, aunque reconozco que ayuda bastante, pero, como dicen muchas personas sin saber bien el significado de sus palabras, “lo importante es lo de adentro”.

Pensé en poner la imagen en el post anterior pero la capacidad no me alcanzó. La breve historia de mi ejemplar fue que lo dejé en mi sala y al llegar de la escuela había tenido una riña con mi perro.

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“Qué no harás, pinche Carlos, cuando seas grande”

José Emilio Pacheco: chilango, perteneciente a la generación de los años cincuenta, al igual que Monsiváis y Leñero, y ganador del premio Xavier Villaurrutia de 1973 por su novela corta “El principio del placer”. Dentro de su obra literaria podemos encontrar novelas, ensayos, poesía y otros. Siendo honesto, sólo he leído dos de sus obras: “El principio del placer”, el cual consta de una novela corta y varios cuentos, y “Las batallas en el desierto”*. El título de esta entrada se encuentra dentro de esta última novela corta y es una frase que le dice Héctor, hermano de Carlos –quien es el protagonista de la historia–, a éste.

Antes que nada, me encantaría mostrar por qué disfruto de este autor. Muchos conocen Japón a través de Murakami y otros el medio oriente y Roma por la Biblia; gracias a Dostoievsky recorrieron algunos el Mercado de Heno, y yo, gracias a Pacheco redescubro algunas calles de la ciudad en la que vivo. Los que nos encontramos en la Cd. de México podemos ubicar con mucha facilidad los pasajes de sus libros y cuentos. Otra cosa que me gusta es la fluidez del lenguaje ya que en realidad siento que habla conmigo pues redacta las cosas como si uno lo contara en una reunión, cosa fácil debido a que sus libros son para una sentada, lo cual ayuda a personas ocupadas, como mi papá, a leer.

(Si ya han leído el libro y lo recuerdan, recomiendo se salten lo siguiente; si lo leyeron hace tiempo y no lo recuerdan a la perfección será mejor que sí lean este párrafo. Sobra decir que si no lo han leído, no lean el párrafo, lean el libro –no son más de 30 minutos–) Sigue leyendo

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Sobre Ameonna, Tláloc y otras deidades

A diferencia de toda mi familia –mis hermanas odian que se les esponje el pelo, mi papá dice que es deprimente y a mi mamá simplemente no le gusta el frío–, yo amo la lluvia. Me gusta andar de brincacharcos pero sólo cuando hay alguien a quien mojar. Disfruto las gotas que caen como piedras sobre mis cachetes y mis hombros. También me agradan los diminutos riachuelos formados a la orilla de la banqueta e incluso los pequeños lagos que se forman en algunas esquinas de mi colonia. Desgraciadamente la lluvia trae consigo malas cosas: inundaciones, accidentes viales y cosas por el estilo.

Pero lo que comento aquí no es eso, sino lo que me gusta de ella ya que, queramos o no, la lluvia tiene un efecto muy notorio en la mayoría de nosotros. Hay quienes se ponen irritantes e insultan a todo el mundo –el típico “cuando llueve la gente se apendeja al manejar”– y hay a quienes les provoca tomar una taza de café o de chocolate con su familia. Por mi parte me provoca querer salir y caminar, o sentarme debajo de una lona en donde me llegué una brisa pues no tengo la necesidad de mojarme en exceso, aunque lo hago rara vez. Sin embargo lo más ameno de la lluvia para mí es cuando me sorprende, e incluso parece que se burla de mí porque llueve casi inmediatamente cuando digo “No creo que llueva”.

La lluvia siempre está invitada a mi cumpleaños (31/07) y, según recuerdo, ha ido muchas veces y que la temporada de lluvias en el valle de México sea en el verano lo favorece. También ha estado en los momentos más cálidos de mi vida, y en los más divertidos. De igual manera creo que mi amor a ella se alimenta del hecho de que no me he tenido que preocupar por cuidar mi traje para la oficina o para la boda de la tía Chofis pero tengo fe de que cuando lleguen esos días le daré oportunidades.

Pero pasando a otra rama del tema: la lluvia desprende ese lado irracional que queremos controlar. Como ya lo había mencionado la lluvia nos hace caer en la cólera porque los lentes se nos empañaron, por ejemplo. Otro sería cuando le gritamos a la persona que te convenció de ir a tu casa cuando la lluvia empezaba en lugar de esperarte a que terminara que lo odias (y es experiencia propia). Con esto se podrá concluir que la lluvia hace enojar a muchas, muchísimas, personas. Lo bueno es que también provoca sensaciones agradables y de ahí que poemas sean escritos, o que, como en las películas, un apareja se bese; lo malo de esto es que conozco pocas personas así. Pero yo tengo la esperanza de que no siempre fue así; de hecho estoy seguro. No es coincidencia que muchos pueblos tuvieron deidades sobre la lluvia, en especial si dependían de la agricultura. Tláloc para los mexicas y Dzahui para los mixtecos; Perkūnas en la mitología báltica; para invocarla una danza (lo clásico en las caricaturas) e incluso una mujer japonesa que con lamerse la mano, Amennoa, lo logra. La lluvia era desconocida y necesitaba explicaciones, y con el tiempo fue alabada a través de sacrificios o utilizando, lo que ahora llamamos, dotes artísticos.

Suelo responderme que a las personas se nos ha olvidado, gracias a las comodidades de algunos inventos o al sincretismo que se vivió en épocas pasadas, la importancia que tiene algún evento natural en nosotros. No sólo está mal cuando se odia la lluvia pues sin ella no habría, dejando de fuera el lado científico o ecológico, tantas historias contadas o por contar, sino que nos privaríamos de nuestro yo artístico, nuestro yo irracional y, de vez en cuando, nuestro yo más racional. Es decir, no es secreto que cuando llueve y hay situaciones de peligro se deben de tomar las medidas necesarias, y actuar rápidamente, para evitar tragedias; tampoco lo es que nos salimos de nuestras casillas, pero lo que sí es secreto es cómo con la lluvia algunos han ido más lejos que otros, dejándose arrastras por lo que ven y oyen, por querer interactuar con la naturaleza, no sólo protegiéndola, también poniéndola en un altar donde todos puedan apreciarla*. Por eso amo la lluvia, nos muestra cosas y conductas ya habíamos olvidado y nos las vuelve a recordar: lo irracional fusionado con lo artístico, o lo artístico con lo racional, aunque lo mejor es cuando los tres se unen y forman un momento que olvidaras, hasta que la primera gota de la siguiente lluvia te golpeé.

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De qué tratará esto

Hoy, el lunes 4 de julio del 2011 a las 23:04, comienzo a escribir lo que será mi primer post. Por qué lo hago: no lo sé. En realidad, sí… lo sé: que usted, el lector –tío, amigo, hermana, papá, mamá, desconocido– tenga una idea distorsionada de mi ser. No será un idea clara pues yo sólo pondré lo mejor que me llegue a la mente sobre mí, y nunca, o al menos eso es lo que espero, mis arranques coléricos, idioteces, paradojas, entre otros. También hay otros motivos: un diario. No uno cuyas primeras lineas de cada día sean “Hoy…” –más adelante explicaré por qué éste es la excepción– o “Desperté.” y mucho menos “Querido diario:”. ¡No!

Lo que yo quiero es poder ver mi evolución al expresar lo que mis sentidos conciben, si no día a día, sí experiencia a experiencia, sacando lo que pueda de cada una. Una experiencia para mí es una tarde con mi papá hablando de cómo era él en la preparatoria o en la universidad, desayunar con mi mamá, andar en bicicleta en Reforma (cosa que se me ha hecho costumbre) con mis hermanas –a quienes quiero a pesar de que peleemos sobre pendejadas–, una mañana con mis amigos, discutir de nuevo el proyecto de una banda de jazz con un amigo, un pieza de mi compositor favorito –Johann Sebastian Bach– en mi recamara sin distraerme con cosas alternas, un libro bien escrito al aire libre o en una biblioteca que no termine siendo una simple fábula, un paseo con mi perro.

Notará, tal vez ya aburrido lector, que, irónicamente, no me gusta el estar solo. Las primeras experiencias son en grupo, o mínimo en pareja, pero cuando hablé de Bach no creo haber dado la impresión de estar acompañado. Incluso en este momento me encuentro solo en mi habitación, ni mi perro está conmigo. Pero no me creo solo, pues estoy yo. Pero por qué quedarme conmigo mismo, si están mis libros, mi bajo, mi música, mi computadora, mi ideas. Esa idea, en realidad es la que me importa. ¿Cuál es? La de poder entablar pláticas– o mejor dicho conversar– con terceros a través de algo: un cuento, una canción, una suite, un ensayo. ¿Un blog? Digo, por un lugar se empieza.

Pero, ¿Qué decirles? Que hoy desayuné hotcakes, que vi el partido de México por la televisión (a pesar que no me guste el futbol). ¡No! ¿Decirles que no quiero ser un neopachuco? Sí, eso es. Dije, al inicio que no comentaría sobre mis ataques coléricos, mas les di un breve preludio; hablé de no contar mis idioteces, pero escribí que comí hotcakes en la mañana; dije que no les contaría de mis paradojas, sin embargo es lo que hago intencionalmente y si gustan les doy otro ejemplo: el inicio de el texto.

Por qué dar tantas vueltas, pues para no ser un neopachuco. No ser alguien quien, a través de su actitud de pícaro, termine siendo un simple enajenado más. No ser alguien cuya revolución moral sea la de las películas de Hollywood –las cuales, lo admito, veo–, sino la revolución de no negarse a sí mismo. No ser alguien cuyo odio a la modernidad sea alimentado por la misma. Por eso las paradojas de arriba. Para aceptar qué, cómo y, más importante aún, quién soy yo y así seguir con mis libros, mi bajo, mi música, mis ideas. Y así segur con ellos. “¿Tus libros, tu bajo, tu música y tus ideas?” puede que piense usted pero yo contestaré que no. Contestaré que estoy con Jorge Ibargüengoitia, con Johann Sebastiasn Bach, con Cortázar, con Jaco Pastorious; al final de cuentas son parte de mí pues aprendo de lo que me dicen, a pesar de que se encuentren en el Mictlán.

Y en caso de que no haya sido tan claro este texto para usted, lector, como lo fue para mí, le daré una ayuda esta vez: Esto tratará de mí, para que no se me olvide a mí –hago énfasis de que no es para usted aunque siempre lo podrá disfrutar y de hecho es mi ideal también– quién es Jonathan, nunca negando, aun cuando no me guste, alguna faceta para así seguir con quienes he fusionado experiencias. Pero, como no pienso volver a ver este post, lo haré a utilizando mis libros, mi música, en resumen: mi esencia, mi ser.

Ahora son las 00:01 del día 5 de julio del 2010 y he terminado mi primer post.

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